Todo el mundo cree, que los angeles son seres amables, pacificos, sencillos, humildes… Pero siempre hay una excepcion que confirma la regla.
Nos remontamos a un piso del centro de Roma. Una chica, joven y dulce, de ojos saltones, pomulos marcados, expresion inmaculada, duerme en su cama, tapada con unas sabanas de seda fina y un almohadón relleno de plumas, confortable y placentero. Dormia, soñaba, sin saber que le puede llegar a ocurrir a una chica de apenas 15 años, con toda una vida por delante, y todavia, sin aprovechar, sin cumplir su destino que le fué concedido… todavia.
Eran las 7 y media de la mañana, cuando Micaela, la criada, una mujer de anchas curvas, piel oscura como el café y unos mofletes rojos como la misma luz que desprende el sol cada atardecer, abrió la puerta de la habitación. Una habitacion muy amplia, con una sola ventana con balcón, techo alto, suelo de marmol fino y paredes pintadas de un tono azul oscuro, llenas de posters, calendarios, estanterias repletas de libros… Al lado de la puerta, habia un escritorio de madera, con origen del siglo XVIII, que tenia toda su superficie cubierta con un ordenador de última generacion y otros aparatos electronicos, aparte de un flexo negro y un portalapices, siempre decorado con estrellas y nubes… a esa niña le gustaba el cielo, deseaba tocarlo, y al fin y al cabo, muchas cosas que deseas, se acaban cumpliendo… Al lado de la mesa, habia otra puertecita, que daba a un baño de tamaño medio, con una bañera antigua, con patas, un armario con toallas, una encimera con un grifo decorado con motivos florales, bañado en oro, y un espejo, grande y siempre reluciente, con más motivos florales. Enfrente de la puerta del baño, en el otro extremo de la habitacion habia una mesita de noche, con un libro, un diario y una flor. A la izquierda de esta menuda mesita se encontraba la ventana, y a la derecha… la cama de la niña, la cama que tanto viviria en aquel tiempo que se avecinaba. Sigamos:
Ruth, la sirvienta, entro a la habitacion, se sentó en la cama, se inclino sobre el cuerpo de la niña y le dijo:
-Señorita Micaela, hora de levantarse, recuerde que ya tiene el desayuno puesto en el comedor-Dijo, con la alegria caracteristica que tenia a la hora de hablar con la dulce niña…
Abrió los ojos, poco a poco, viendo como la luz del amanecer entraba por su ventana, cubierta de cortinas del mas fino Acetato… unas cortinas que serian manchadas proximamente…
Jibarito dijo:
18/05/2009 a 10:17 pm
Me tienes en ascuas… El principio habría sido perfecto para un relato erótico